Pasaron dos semanas y media desde la última sesión con nuestra invitada.
Yo me sentía muy satisfecho con aquella experiencia y pensaba dejar pasar algún tiempo para repetirla.
Jane parecía desganada últimamente, sin embargo seguía siendo tan obediente como siempre. Fue ella la que me propuso traer nuevamente a NN. Me pidió permiso para enviarle un mail y, concedido el mismo, la citó para el fin de semana venidero.
Luego de una sesión de azotes y sexo anal, la senté a mi lado acurrucada sobre el sillón, estaba desnuda y con una cadena al cuello. Mientras acariciaba su cuerpo la autoricé a que me dijera lo que pensaba.
Con el respeto acostumbrado me manifestó: "Señor, creo que NN ya está en condiciones de ser " blanqueada", ha sido obediente y soportó dos sesiones muy duras de tortura. Es una hermosa mujer, de muy buen físico y una piel envidiable, además se la ve dispuesta a todo tipo de relación".
Asentí con la cabeza y le dije que la próxima vez le sacaríamos la capucha, pero que antes de que me viera le haría pasar un momento angustiante y que ella debía seguirme.
El sábado, luego de bajarla del auto en el garaje, Jane le indicó que se desnudara, la esposó y todavía con la capucha la condujo hasta el comedor donde yo las esperaba. Además le ordenó llevar con sus dientes el látigo con el que seria castigada tal cual se lo había señalado.
Ya en el patio le saqué lo que traía en la boca y comencé a dar vueltas a su alrededor haciendo comentarios como que todavía no se veían marcas de las anteriores sesiones, por lo que debería ponerme mas enérgico en esta. Sus músculos se contrajeron por el temor mientras su cuerpo sentía el calor de los reflectores que acabábamos de encender.
Jane le quitó la venda y la luz la encandiló. No podía ver quien estaba del otro lado. Solo escuchaba las voces nuestras.
Establecí con Jane el siguiente diálogo en un tono de por más severo: "Supongo que le habrás indicado que no debe hablar ni quejarse por mas dolor que sienta.
¡Creo que las otras dos veces fuimos muy benévolos con esta perra!
En esta sesión la tendremos 48 hs colgada, tendrás que azotarla cada hora y además le marcaremos las nalgas como si fuera ganado."
Todas estas ideas generaban en NN una especie de estremecimientos, que denotaban el terror que iba apoderándose de su ser.
Y sabiendo el pánico que le producía la corriente eléctrica, le indiqué a Jane: "Colocale los electrodos en los pechos y la vagina y colgala"
NN se dejo caer de rodillas y con un llanto desconsolado suplicó: "¡Por favor señor cualquier cosa menos eso!". Luego se tendió sobre el piso y este lloriquear se transformó en una congoja total.
Jane la observó con un gesto de ternura y girando hacia mi me miró como solicitando autorización. Con un guiño se la concedí.
Se acercó a ella y abrazándola la sentó, secó sus lagrimas y en un tono amigable le dijo: "Tranquila, voy a hablar con mi señor, ponete de pie como estabas y esperá."
Así lo hizo, a pesar que le costaba quedarse totalmente quieta debido al pánico que la invadía. Sentía que murmurábamos algo pero no llegaba a comprender que decíamos.
Jane me habló al oído: "Señor, disculpe mi atrevimiento, pero considero que esta muy asustada. Su estado creo que va mas allá de sentirse abandonada e indefensa como en las otras sesiones. Sin embargo vea como sigue obedeciendo. Pienso que deberíamos terminar este suplicio acá. Se que debería callar pero aún a costa de su enojo y posibles castigos le ruego que tenga un poco de compasión por ella".
Habían sido tan convincentes mis palabras que hasta ella las había creído. Tenia razón era el momento de terminar.
Aparecí de golpe desde atrás de las luces, aunque cubriendo mi cara con un pasamontañas, y me acerqué a unos centímetros de NN.
Aterrada dio un paso atrás y si no la sostengo se desploma.
Sus ojos parecían salirse de sus orbitas, su corazón golpeaba con una fuerza increíble y agachó su cabeza como en un último intento de fuga.
Tomé su mentón y levanté su cabeza como ordenándole que me mirara. Estuve unos minutos sin emitir palabra pero intentando que mis gestos lograran que se fuera calmando. Jane me acercó un vaso con agua, aunque no se lo había pedido, y le di a tomar unos sorbos.
Cuando su corazón comenzó a bajar el ritmo, y teniendo en cuenta que la temperatura ambiente disminuía, le puse una cadena en el cuello y la llevé hasta el comedor. Jane y Yo nos sentamos en sendos sillones y a NN la arrodillamos frente nuestro.
Entonces se le indicó que debía mantener la cabeza gacha en señal de sumisión y responder al interrogatorio al que iba a ser expuesta.
Duró casi una hora. Se le preguntó de todo. Desde su nombre completo, estudios, medidas, peso, gustos en comidas, hobbies, temores, música, etc.
Debido a la experiencia pasada estaba casi exhausta. La llevamos hasta el altillo y la tendimos sobre el viejo colchón de una cama de barrotes encadenando sus muñecas y sus pies en ambos extremos.
Le vendé los ojos, la amordacé y le aclaré: "Te quedarás así toda la noche, desnuda y aislada. Cuando venga por vos en la mañana tendrás la opción de implorar por tu libertad.
Tendrás que ser muy convincente en cuanto a la reserva que mantendrás sobre estos encuentros de otra manera esta concesión, de la que me convenció Jane, puede quedar en la nada.
¿Entendiste?"
Asintió con la cabeza y quedó esperando que la noche pasara lo más rápido posible.
La noche se le hizo interminable. Sus pensamientos fluctuaban entre suplicar por su libertad y continuar con esta relación.
Si se quedaba seguiría teniendo algunas sensaciones buscadas y otras encontradas recientemente como el placer del contacto con otra mujer. Pero corría el riesgo que en algún momento se la torturara con electricidad y eso de solo pensarlo hacia estremecer todo su cuerpo.
Si imploraba por terminar estos encuentros temía no poder convencerme de su discreción y que mi enojo fuera tal que su situación empeorara. Por otra parte sentía que podía ofender a Jane y perder su amistad.
Casi llegada la mañana su agotamiento hizo que se adormeciera, pero no habían pasado mas de unos minutos cuando entre abruptamente y le grite: "¡Despertate!".
La puse de pie, encadené las manos a su espalda y sus pies separados unos centímetros como para que pudiera, aunque con dificultad, caminar. Y así vendada y amordazada la llevé hasta la cocina.
Allí nos esperaba Jane. La dejé parada al lado de la mesa, saqué su mordaza y le dije que esperara quieta y en silencio a que termináramos de desayunar que luego nos ocuparíamos de ella.
El aroma del café recién hecho y de las tostadas, mezclados con su falta de alimento desde que llegó, hicieron que sus fosas nasales intentaran atraparlos.
Nos tomamos un buen tiempo, mientras se veía como su intranquilidad iba en aumento hasta que decidimos comenzar a interrogarla.
Con tono entre enojado y amenazante le dije: "Espero que nos expliques tu resolución, no sin antes decirte, que si esta no es convincente deberás seguir prisionera hasta que lo crea necesario."
Con vos temblorosa empezó a tratar de hilvanar ideas: "Señor, creo estar preparada para complacerlo como esclava. He padecido ya tres sesiones de tortura y he tratado de ser lo mas obediente posible. Pero me aterroriza la idea de que en algún momento utilice electricidad para castigarme. Por otra parte daría cualquier cosa por no perder la amistad, que creo, encontré en Jane.
Estoy dispuesta a soportar cualquier suplicio, me entrego tanto a usted como a su esclava para ser nada más que un objeto de placer para ambos.
Puedo soportar hambre, frío, azotes, abandono y largas horas de cautiverio, pero imploro que no usen en mi persona la energía eléctrica, ya que le tengo pavor.
Si me aseguran que esto puede ser, no pediré mi libertad, en caso contrario le suplicaré que me deje ir dándole mi palabra de que estas reuniones quedaran envueltas en el mas absoluto secreto."
Le contesté que no estaba seguro de sus explicaciones, por lo que debía tomarme un tiempo para pensarlo, por lo que seguiría prisionera hasta tanto tomara una resolución. Dicho esto la llevé nuevamente al camastro donde pasó la noche y en iguales condiciones, antes de abandonarla, le apliqué varios azotes, la dejé hasta el otro día.
Jane me miró como pidiendo permiso para hablar. La llevé hasta la habitación, le ordené que se desnudara y se arrodillara. Antes de autorizarla a hablar le advertí que la notaba demasiado blanda con nuestra invitada y que suponía que me quería decir algo sobre la misma.
Con un tono que denotaba algo de miedo me dijo: "Señor creo que sus pedidos no estuvieron fuera de lo que usted esperaba. Además noto que la trata con una crueldad como nunca lo había visto. Conmigo fue muy duro cuando me castigó, pero la forma en que la humilla, más allá de los azotes e incomodidades a los que la somete, la degrada como persona y hasta veo en su mirada como un cierto enojo sin razón con ella".
En cierto modo tenía razón, mi idea era presionar hasta el límite para luego suavizar la situación. Decidí castigar a Jane con mucha rudeza buscando quebrantarla totalmente.
La tomé de los pelos y la arrastré hasta el patio. La tendí en el piso boca abajo y até sus extremidades una a cada columna, estirándola como un cuero estaqueado. Tensé las cuerdas hasta que escuché sus quejidos. La amordacé y comencé a recriminarla.
"¡Perrita, me has desafiado en tu afán de defender a esa miserable que esta en el altillo. Le pusiste una manta cuando no se te había ordenado y ayer me acercaste un vaso con agua casi obligándome a que le diera.
¡Parece que te gustara! ¡Lo único que me faltaba, que mi esclava se convierta en lesbiana! Te vas a quedar así toda la noche y además dentro de un rato volveré para torturarte y transformar tu estadía en un infierno"
Dicho esto me retiré, Jane quedó aterrorizada temblando. Como a la hora, de forma inesperada, empecé a azotarla. Luego de una buena tanda la abandoné hasta el otro día.
A la mañana siguiente, la solté y le indiqué que preparara el desayuno, para mí, y que esperara parada al lado de la mesa que iría a buscar a NN, además que aprovechara el tiempo para considerar su posición para redimirse conmigo.
Para NN las veinticuatro horas que pasó en esa prisión fueron eternas, el frío, el hambre, la inmovilidad y la sensación de desamparo la sumieron en una profunda desesperación. Busqué límites en la relación que tensaran las cuerdas casi al máximo.
Cuando volvimos la ubiqué a un costado de Jane, aunque separadas por la mesa, parada, desnuda, encadenada y encima ahora hambrienta, no hacia mas que temblar. La falta de alimento y los aromas del desayuno servido la hacían sentir mas desamparada que nunca.
El tiempo no pasaba más para ella. De repente se arrodilló y suplicó que le habláramos, que ya no soportaba más esa incertidumbre.
Los ojos de Jane me rogaban algo de misericordia, como no creyendo lo que pasaba.
Entonces le saqué la venda y con voz pausada le dije: "Creo que has pasado todas las pruebas, se te puede considerar una esclava como corresponde. Tendrás un momento para desayunar y asearte, te acompañará Jane en estos quehaceres y cuando termines tendrás una opción donde sellar tu sumisión o convencerme para tu libertad".
Concluidas estas tareas, luego de más de una hora juntas en el baño, se presentaron ambas ante mí.
Desnudas las dos y con sendos collares se inclinaron como muestra de respeto.
No ignoraba que en el momento que estuvieron solas en el baño existió algo más que ayuda. Había espiado sus caricias, abrazos e incluso besos.
Les exigí que me prepararan un café y un whisky y me lo acercaran al sillón donde me disponía a ver la carrera de fórmula 1.
Ni bien me lo alcanzaron les indiqué que se pararan una a cada lado de la TV.
Estaban hermosas, desnudas y con una sonrisa que las iluminaba.
Tome mi café y bebí un sorbo de la otra bebida. Pasados unos segundos me pareció que el televisor empezaba a hacer fantasmas, pero no sabía si era mi cansancio o una mala transmisión.
Posé mi mirada en ellas y comenzaron a desdibujarse junto con la habitación.
La sonrisa de ellas se había transformado en risa, ya no estaban una a cada lado de la TV, estaban juntas y abrazadas.
Comprendí entonces que había tensado tanto la cuerda que ya no tenía retorno. La realidad se diluyó totalmente y todo acabó.
- FIN -Autor: Amo Alfredo