UNA HISTORIA "CASI" COMUN II (o 4º Parte)

Se me ocurrió que quería tener otra esclava, pero no pensaba trabajar tanto como con Jane para lograrlo.

Con ella la relación era excelente, a tal punto que a veces me costaba castigarla. Su hermoso cuerpo, la dedicación que ponía para complacerme suscitaban en mí un placer casi extremo.

Entonces, pensé cual podía ser la próxima tarea para ella.

La cité en mi domicilio como todos los fines de semana. Cuando entró, esperó a que la abordara, de espaldas a la puerta como le había enseñado.

Le esposé las manos y la guié hasta el comedor. La hice arrodillar y me senté delante suyo. Mirándola a los ojos le dije: "Ya me demostraste que eras capaz de obedecerme siempre, pero esta vez te voy a imponer una tarea mas difícil desde varios puntos de vista.

Primero por la dificultad para lograr cumplirla, segundo porque te hará sentir invadida en tu función, y por ultimo porque tendrás un tiempo para cumplir que no será demasiado.

Debes conseguir en un lapso que no supere los dos meses, a contar desde hoy, otra esclava para que yo pueda someterla.

Tiene que tener un cuerpo bien formado como el tuyo, estar dispuesta a recibir torturas de cualquier índole. Aunque le aclararás que nunca será lastimada.

Poco a poco te daré más instrucciones, pero lo más importante es que nunca debe saber quien, ni donde, la someterá.

Por lo tanto la debes empezar a buscar sin llegar a comentar cual es el destino final. También conseguirás fotos para poder evaluarlas.

La semana que viene tendrás que presentarme un informe preliminar, que analizaré y te daré alguna norma más que deberás y deberá cumplir.

En caso de no satisfacerme, pasaras el fin de semana mas cruel desde que me perteneces."

A partir de ese momento la hice incorporar, y hablándole a menos de un centímetro con todo el mal humor que podía fingir y tomándola de los pelos le espeté: "¡¡ENTENDISTE!!".

Asintió con la cabeza y se agachó como para ser castigada. La levanté suavemente y acomodando un poco sus ropas le dije que nos íbamos a cenar a un lujoso restaurante.

Creo que ni a una reina la tratan de la manera que lo hice esa noche.

De vuelta en casa, puse música suave, descorché una champaña que había enfriado y en una suave penumbra la invité a bailar.

Poco a poco le fui quitando la ropa y permitiendo que hiciera lo mismo. Nos recostamos en la alfombra cerca del hogar, que prendí al llegar, y besé todo su cuerpo. No me quedo un milímetro sin acariciar. Hicimos el amor hasta que quedamos dormidos semienrollados en una manta que había preparado.

Con las primeras luces del día, luego de un buen desayuno, la llevé hasta la casa. Al despedirme le recordé: "Que la noche de ayer no te haga olvidar tu tarea". Contesto: "No señor, cumpliré."

Durante la semana, como de costumbre, nos vimos en el trabajo, al igual que siempre, pero aunque no explícito, seguimos con nuestro pacto de silencio.

Llegó a mi casa el viernes a la tardecita como se le había ordenado.

Traía un sobre con anotaciones y fotos. Esperó que la guiara a donde yo quería. La paré en medio del patio interno y le indiqué que se desnudara. La encadené en puntas de pie, para que sintiera la mayor presión posible, mientras yo revisaba los informes que había preparado. Las pautas eran que si yo no preguntaba ella debía guardar silencio.

Se notaba en sus ojos la impaciencia por explicarme lo que había traído y el miedo a que una mala interpretación mía recayera en ella en algún castigo.

Analicé las fotos en primer lugar. Era una mujer de unos 30 años, con muy buena figura y unas piernas realmente casi perfectas. Me puse a leer los informes que Jane había escrito, decían: "Tuve una charla con ella en la que me comentó que es separada, tiene como fantasía someterse a algún amo que la ate y la castigue, pero que no marque su cuerpo. Esta dispuesta a soportar cualquier tortura, ya sea hambre, frío, incomodidad o cualquier otra cosa. Cree que en el dolor y el sentimiento de desamparo o impotencia logrará experimentar la pertenencia que necesita."

Le comenté: "Creo que iniciaste bien el trabajo. Pero esto que escribiste ¿Es verdad?"

Contestó: "Si señor, estuve con NN y luego de unas cuantas reuniones me confió estos pensamientos".

Tomé un látigo y la azoté varias veces. Luego pregunté: "¿Seguro que no estas inventando esta historia para evitar tu castigo?"

A pesar del dolor, me sonrió y me dijo: "No, mi señor, es absolutamente cierto lo que le informo."

Volví a flagelarla, porque me excitaba en la posición que se encontraba y luego la tiré sobre el piso para "violarla" como lo habíamos hecho muchas veces.

Terminamos el fin de semana como muchos otros y cuando la dejé en su casa le aclaré: "Ya tendrás noticias mías, te indicaré como deberás actuar con NN para que en un futuro cercano tengamos una sesión de sadomasoquismo con ella. Te repito, por si no lo recordas: ella no debe enterarse bajo ninguna circunstancia como, ni cuando, ni quien la someterá."

En el siguiente encuentro la interrogué acerca de sus contactos con NN. Esperaba que este lapso generara ansiedad en aquella.

Sus respuestas me confirmaron que el objetivo estaba casi logrado. La posible esclava estaba ávida por tener una sesión lo antes posible.

Le indiqué a Jane que debía traer el mail de la misma y comunicarle que en cualquier momento seria citada, por lo que se le imponía que los bajara sin falta todos los días a las 21hs.

Deje pasar un tiempo, como para que su inquietud creciera, hasta que el jueves por la noche le envié el siguiente mensaje: "Mañana a las 17hs. te sentarás en las mesas de la vereda del café de Cabildo y Monroe y esperarás a que llegue Jane. Deberás estar vestida de pollera oscura, blusa blanca y sandalias. Al encontrarte ella te dará las instrucciones que siguen".

Evidentemente pasé por el lugar a eso de las 17.30 para corroborar si había cumplido y si llenaba los requisitos solicitados.

Era tan hermosa como me había dicho Jane y estuvo a la hora señalada.

A las 18:00hs se acercó Jane y le comunicó las siguientes órdenes:

1- Mañana sábado a las 15. 00 hs. me esperarás aquí, vestida en forma similar.

2- Cuando llegue te entregaré un par de anteojos que han sido pintados de negro por dentro y que impedirán tu visión.

3- De mi mano iremos hasta el auto con el que nos trasladaremos hasta donde nos espera mi SEÑOR.

4- Por ninguna causa debes mover tus anteojos ni hablar, salvo que te sea ordenado. Cuando lleguemos al lugar que me mandaron recibirás nuevas instrucciones y comenzará tu sesión. Estarás siempre vendada, de modo que cuando esta termine y te devuelva a este lugar, ignorarás donde y con quien estuviste.

5- Si dudas o quieres arrepentirte hazlo ahora sino cumple y nos vemos mañana.

Esta se retiro cuando NN le confirmó que allí estaría al otro día.

La tormenta desatada el sábado inquietaba a cualquier persona, sin embargo a las tres de la tarde en punto se hizo presente.

Yo me hallaba en otra mesa, pero aún desde lejos podía advertirse su nerviosismo. Esperé paciente la llegada de Jane, a la que le había dicho que se retrasara para generar en NN una mayor inquietud.

Tal cual le ordené se presentó cerca de las cuatro, le dió los anteojos y la tomó de la mano.

Con cuidado la guió hasta el auto que se hallaba a pocos metros, la ayudó a ubicarse y estuvieron listas para partir.

Pero Jane sabía que debía esperar unos minutos a que yo me fuera primero. Demoré un poco para generar mas desasosiego en nuestra invitada.

Partieron cuando recibió mi señal y a pesar de encontrarse a pocas cuadras, estuvieron dando vueltas casi 40 minutos.

Mas tarde me enteré que la ansiedad de NN era tal que en un momento osó preguntar cuanto faltaba. La respuesta de Jane fue la que se le había indicado y con el tono correspondiente a una amenaza: "¡Se te ordenó que no hablaras y esto que hiciste es desobedecer! ¡Deberé informarlo cuando lleguemos!"

NN pareció sentir el miedo que yo esperaba lograr y se acurrucó en el asiento. Parecía temblar, cada segundo se le hacia interminable, cada vuelta, cada frenada, cada puesta en movimiento hacían que presintiera con mas fuerza que se acercaba su cautiverio.

Cuando ya casi no podía aguantar y a punto de desobedecer nuevamente, sintió que el auto entraba en algún lado y se mantuvo callada.

El sonido del portón del garaje cerrándose la sobresaltó. Se incorporó súbitamente en el asiento y emitió un gemido que parecía ser el comienzo de un llanto. Era como si quisiera huir corriendo.

No tuvo tiempo ni de pensarlo siquiera. De un brazo la saqué de un tirón de adentro del auto y con movimientos muy bruscos la puse de cara contra la pared y con un tono maquiavélico la amenacé hablándole al oído: "¡¡¡Mejor que no intentes nada, donde estas nadie te escucha!!!" Y con casi un grito le dije: "¡¡¡Preparáte llegó tu hora!!!"

De cara a la pared le tomé con fuerza los brazos atrás y la esposé, además le puse una capucha que le cubría toda la cabeza.

Su temor se palpitaba en el ambiente, su paso era inseguro, en parte por los empujones y tironeos a los que estaba sometida, pero por otro lado estaba temblando.

Al llegar al medio del patio nos detuvimos, le indiqué a Jane que le pusiera la mordaza y le sacara los zapatos.

Comencé a dar vueltas alrededor de ella, tocando distintas partes de su cuerpo, apretando a veces, pero otras solo rozándola.

Le ordené a Jane que le desnudara el torso y la encadenara lo más estirada posible. En esa posición, sus piernas no dejaban de temblequear, incluso comenzaba a emitir suaves gemidos que demostraban su temor.

Le coloqué unas pinzas en los pezones y nos retiramos dejándola sola un rato. Esto hizo crecer su sensación de abandono.

Acercándome con sigilo, de improviso le atiné el primer latigazo en su espalda. Su conmoción fue tal que comenzó a sollozar e intentar hablar a través de la mordaza. No me detuve, le aplique otros diez más.

En seguida le saqué el resto de la ropa y le encadené los pies. De esta forma la dejé nuevamente sola un rato. Alternadamente pasaba cerca rozándola con el látigo o burlándome de su estado con alguna carcajada irónica.

Luego de la pausa, tomé una fusta y comencé a azotarla en los glúteos primero para luego pasar a sus muslos y terminar en su abdomen.

Cuando estas partes de su cuerpo se tornaron mas rosadas, la descolgué abruptamente y tirándola al suelo la sodomicé.

Terminada esta tarea fue colgada nuevamente y abandonada durante más de una hora.

Pasado este tiempo Jane la llevó hasta el auto y le entregó sus ropas. Tuvo que vestirse sin sacarse la capucha.

En el momento que terminó le puso los anteojos por debajo de la misma y salió con rumbo al café donde había sido levantada.

A una cuadra del mismo le permitió que se los sacara y que arreglara su maquillaje que estaba en pésimas condiciones.

Luego la acercó hasta el bar y a unos metros le indicó que bajara.

Además le ordenó: "Dice el SEÑOR que debés quedarte por una hora por lo menos sentada en una mesa. Si te levantás antes no tendrás mas noticias de él, si esperás lo que se te pidió pronto reanudaremos tus suplicios".

Caminó hasta la mesa como si fuera un zombie, el mozo tuvo que preguntar dos veces que deseaba. Tomo el café y se quedó por dos horas. Luego se encaminó hacia su casa.

El martes a las nueve recibió un correo que le preguntaba cuales serian sus actividades el próximo fin de semana.

Su rápida respuesta casi me sorprendió, decía: "Termino de trabajar el viernes a las 16.00hs. Y cancelé todo compromiso hasta el lunes a primera hora. Quedo a la espera de vuestras ordenes, MI SEÑOR. Enteramente suya NN".

Le ordené: "Deberás repetir día, hora y lugar como la semana pasada. Te vestirás de manera similar, pero esta vez no llevarás ropa interior. Esperarás el tiempo que yo crea necesario. Además debes pasarme el número de tu celular y estar atenta a cualquier llamado."

Llegó puntual y tomó una mesa cercana a la que yo ocupaba.

A la media hora hice sonar su teléfono y cuando estaba por atender, corté. Esto lo repetí un par de veces más durante los siguientes treinta minutos. Incluso en la última vez no corte, pero no emití sonido. Fue hermoso escuchar su respiración agitada al tiempo que preguntaba quien era.

A las 18.30 hs. un SMS le indicó que comenzara a caminar lentamente por Monroe en dirección oeste y por la vereda derecha. Luego de cruzar Av. Del Tejar, donde ya comienza a haber poco publico, inconscientemente apuró su paso. Dos cuadras más adelante Jane detuvo el auto bruscamente y le indicó que subiera.

Sin que se lo señalara, tomó los anteojos del tablero y se los colocó.

Nuevamente dieron vueltas durante un rato, hasta que arribaron.

Ya en el garaje, Jane le indicó que cambiara los mismos por la capucha; además procedió a esposarla y sacarle las sandalias.

Al bajarla, antes de encaminarnos al interior, revisé bajo su falda para comprobar la falta de bombacha y le desprendí totalmente la blusa dejando al descubierto sus pechos.

Le coloqué una cadena como collar y tironeando de la misma la lleve hasta el patio.

Ni bien llegamos la hice arrodillar y la obligué a practicarme sexo oral. Luego la amordacé y la tiré en el suelo. Até sus pies y los junté con sus manos. En esta incómoda posición quedó por un rato.

Cada tanto me acercaba y con la fusta castigaba sus pies.

Como su ropa se podía dañar se le indicó que sería desatada un instante para que se desnudara. Ni bien terminó, con varias sogas se le sujetaron las manos y los brazos, además los tobillos y los muslos y se juntaron las muñecas y pies a fin que quedara totalmente inmóvil.

Luego de un rato en esta posición, Jane le soltó los muslos e introdujo un vibrador en su vagina. Con el control en su poder comenzó a mandar pequeños estímulos, que fue aumentando poco a poco hasta que el lapso de funcionamiento fue lo suficientemente extenso como para lograr el orgasmo en NN.

Concluida esta tarea, procedió a acariciarla y la fue desatando, indicándole que no debía tocar su capucha pero que podía buscar con sus manos el cuerpo de ella para tocarlo. Las caricias de Jane y los besos en todo su cuerpo fueron sedándola hasta que se quedo dormida. Le esposó las manos y sin que le haya sido indicado la tapo con una manta.

Cuando despertó la levantó con suavidad y la condujo hasta el auto para que se cambiara y luego la llevó hasta el sitio acostumbrado.

Volvió a indicarle que debía esperar más de una hora antes de retirarse y la dejó.

CONTINUARA...



Autor: Amo Alfredo