UNA HISTORIA "CASI" COMUN (3º Parte)

Dejé pasar varios días sin escribirle, recibía todas las noches a las 23.05 hs. el mail correspondiente de que no había novedad. Sin embargo el jueves, antes de hora, escribió: "SEÑOR, sigo sin tener noticias suyas, se que no debería preguntar porqué, pero estoy preocupada, se que esto es desobedecerlo y que seguramente seré castigada. Le suplico que me escriba, no soporto ya este silencio, si es una forma de castigo le digo que prefiero mil azotes a esto. Necesito una sesión como la del sábado, siento que mi vida le pertenece. Por favor escríbame."

No la hice esperar estaba en el limite y se acercaba otro fin de semana.

Le conteste: "Seguís siendo desobediente, por lo que los próximos castigos serán mas duros. En cuanto a cuando los recibirás, no lo sabrás hasta que llegue el momento. Si querés podes empezar a temblar. ¡No me escribas más!, salvo la novedad mañana, viernes, a las 19.00hs. en lugar de la hora acostumbrada"

En el trabajo seguía yendo vestida como le había indicado. A la hora de salida comencé a volver con ella a propósito, era conmovedor ver como miraba hacia todos lados, a cada hombre que pasaba cerca, hasta en broma le pregunte si la seguían, pero me contesto que era su forma de ser.

Como nuestros diálogos eran muy amenos decidí el viernes invitarla con un café. Aceptó y nos quedamos charlando casi dos horas. Cuando se percató que eran casi las 19.00 hs. me dijo que tenia que irse rápido pues tenia que "hacer una llamada" urgente.

Yo había elegido un lugar cercano a mi domicilio, entonces le propuse ir hasta mi casa para que lo hiciera, que en 5 minutos estábamos.

Cuando estábamos cruzando el parque en el auto, le corté, sin que lo notara, la corriente. Baje a "arreglarlo" mientras espiaba como se ponía cada vez mas nerviosa. Lo puse en marcha y arrancamos. Me preguntó nerviosa la hora, eran las 19.00.hs., le dije que en dos minutos llegábamos y fue así.

Cuando estacioné en la puerta de las casona me miró desconcertada, entonces con tono enérgico le dije: "No digas una palabra, acabas de cometer una nueva desobediencia, son más de las siete, bajá que adentro lo vamos a arreglar".

Su cara demostraba una mezcla de miedo, respeto y felicidad.

Hice que se detuviera a pocos pasos después de pasar la puerta, cerré y como la semana pasada espere un momento para abordarla.

Estaba inmóvil, le vendé los ojos, la llevé de un brazo hasta el patio interno y le ordené que se desnudara.

Le encadené las muñecas y los tobillos y la coloqué casi colgada de forma que los dedos de sus pies apenas alcanzaban el piso.

La acaricié suavemente mientras en un tono muy sádico le contaba todos los castigos que había decidido que le correspondían y le ordenaba que, salvo una contraorden, no podía emitir ningún sonido, ni siquiera una queja de dolor. Además le aclaré que esta vez serian 48 hs. de suplicio.

Todo comenzó con un baldazo de agua fría, luego le coloqué un broche en cada pezón y posteriormente fue azotada en tandas espaciadas a intervalos diferentes.

La dejé un rato, me acerqué a veces para sentir como su ansiedad y su desconcierto se adueñaban de su voluntad.

Una tanda algo mas larga con el látigo acariciando su piel, le solté los pies, colgó sus piernas de mi cintura y la penetré una vez, sin acabar, otra espera y nuevamente, así tres o cuatro veces hasta que llego el final. Ni los golpes la hubieran dejado tan indefensa. Me fui a dormir y la deje donde estaba.

A la mañana la arrodillé y le quité los broches, emitió un "casi" gemido de dolor. Volví a azotarla, la dejé casi tres horas esperando, esporádicamente hacia sonar el látigo cerca de ella para que sintiera la presión de su cautiverio. Luego de una tanda más volví a obligarla a practicar sexo oral.

Era mediodía ya, así que le preparé algún alimento. Fue polenta fría y reseca y colocada en una lata. Le impuse que la comiera con las manos encadenadas a la espalda.

La llevé a un pequeño baño donde la solté y la encerré hasta el día siguiente, unas catorce horas aproximadamente. No tenia ninguna ventana, estaba húmedo, sus medidas son de 2 por 1 mts. Y para echarse a descansar le dejé un par de cartones.

A la mañana siguiente abrí la puerta y le di un par de esposas para que se las colocara con las manos atrás. En seguida le ordené que se parara bajo la ducha y que abriera el agua, fría por supuesto. La mantuve en esta posición por diez minutos. Cuando empezaba a tiritar la saqué y la obligué a trotar alrededor del patio durante más de media hora.

Terminado su dulce despertar, le entregué una camisa vieja, sucia y harapienta, le engrillé manos y pies a unos 50 cm. entre si y la acerqué a los artículos de limpieza que debía usar para dejar la casa reluciente dentro de las próximas tres horas. Cumplida la tarea la premié sodomizándola sobre la mesa del patio.

Desnuda como se encontraba le junte las manos y los pies y la puse en cuatro patas al lado el sillón. Coloqué sobre su espalda la cerveza y el cenicero y me dispuse a ver el partido.

Terminado este, dos horas después, la voltee boca arriba, coloque sus pies sobre mis piernas y se los azote durante un rato. Con cada intento de gemido aumentaba la intensidad de los golpes.

Cuando vi las lágrimas en sus ojos me detuve, comencé a acariciarla y besarla hasta que llegado el momento justo le solté los pies y le hice el amor como nunca antes lo había hecho. Quedo extenuada.

Cometió el error de hablar, en un momento balbuceó "lo amo señor", pero decidí que los castigos que merecería quedaban para otra ocasión.

La solté, le dije que se arreglara y cuando estuvo lista nos fuimos a cenar a un buen restaurante.

La llevé a su casa, la besé largamente en la puerta y me despedí hasta la semana que viene. Tal como le había ordenado no pronunció palabra alguna.

El lunes en el trabajo parecía más feliz que nunca, había entendido el mensaje y bastó que la mirara para que separara a los dos personajes.

Los encuentros comenzaron a sucederse todos los fines de semana, las ordenes y los castigos fueron similares, el amor surgió entre ambos cada día con más fuerza.

Pero cabe aquí contar qué códigos se establecieron para que esta relación de sometimiento total fuera limpia y duradera.

Para ser realmente mi esclava debía pertenecerme de por vida, pero estamos en el siglo XXI y además a veces los sentimientos cambian y no duran para siempre. Por otra parte, si sentía que podía irse en cualquier momento o que gozaba de alguna libertad la sumisión no seria tal.

Este dominio debía sentirlo las 24 hs. del día, estuviera o no conmigo. Tenía que experimentarlo en su mente más que en su cuerpo. Debía comprometerla en cada uno de sus actos.

Para que esto se pudiera lograr concebí una idea según la cual ella debía sufrir la perdida de libertad, intimidad y decisión por un periodo que podría ampliarse mientras existiera ese fuego interno como ahora.

Casi al finalizar un domingo la hice arrodillar desnuda encadenada de pies y manos, le expliqué esto que pensaba y le dije que iba a plantear una especie de "contrato" de palabra entre ambos que podía aceptar o no e incluso hacer algún comentario. Pero que una vez confirmado no se podía volver atrás.

Le hablé más o menos así: "El que estés así, en esa postura, no pretende intimidarte, es solamente porque me gusta verte de esa forma. No tiene que condicionar lo que decidas.

Voy a explicarte mis ideas hasta el final sin que interrumpas y luego podrás opinar.

Como tu sumisión puede no durar toda la vida, pondremos una fecha para volver a retomar o no esta relación. Antes de la misma vos no podes tocar el tema salvo que yo te lo pregunte, en mi lugar puedo acortar la fecha cuando guste, no así alargarla. Tomaremos como periodo inicial tres meses y al final, con acuerdo de ambos, lo podremos renovar.

Para que tu intimidad se vea avasallada tendrás que hacer lo siguiente:

a- Darme un juego de llaves de tu casa para que vaya cuando quiera. Puedo caer de sorpresa para constatar tu obediencia. Por ejemplo llegar de madrugada, sin hacer ruido y corroborar si estas durmiendo desnuda y encadenada de pies y manos como lo harás siempre de ahora en más.

b- Decirme cuales son las contraseñas de tus casillas, ya sean de mail y/o foros, y no abrir otros hasta que recuperes tu libertad. Es verdad que invadiré tu privacidad, es una forma mas de someterte, sin embargo nadie se enterará.

c- Todos los domingos a las 23.00 hs. me mandarás un listado con lo que vas a realizar en la semana, con el día, la hora, la duración y la forma en que te trasladarás de un lugar a otro. Yo puedo decidir cambiarte alguna de las actividades (Evidentemente no te perjudicaré en las que sean importantes).

Debes cumplir exactamente con lo que pusiste, de lo contrario habrá sanciones que mejor te las explico con un ejemplo. Supongamos que me mandas algo así.

Miércoles: Despierto a las 06.00, me ducho, desayuno y salgo caminando para el trabajo a las 07.00hs. De 07.30 a 17.00 estoy en el mismo. Vuelvo caminando a casa para llegar en media hora. Tengo que corregir exámenes hasta las 22.00, hora en que me conecto con Ud. SEÑOR.

Bien, ahora supongamos que salís a comprar algo. Esto no me lo avisaste, por lo tanto es una falta. Puede que yo no me entere y no pasa nada. Puede que te pregunte si cumpliste y vos me anticipes el error, en ese caso se computara una falta (1) para tu "prontuario", además tendrás 10 azotes extras el fin de semana; pero puede que me lo ocultes, si no me doy cuenta safás, pero si me entero por cualquier medio además del castigo y computo anterior serás penada con una indisciplina doble (2), a computar y con 50 azotes extras, además de los 10. Cada veinte (20) desobediencias computadas tu cautiverio se alargará un mes automáticamente.

d- Cuando estés en mi presencia y a solas, hablarás solo si te autorizo, y de no ordenarte otra cosa me tratarás como en los mails (de Ud. y de señor)

e- Deberás vestirte siempre con pollera, medias y sandalias, salvo en aquellos casos que se imponga otra necesidad.

f- Cumplirás todas las tareas que te imponga por imposibles y/o ridículas que parezcan.

Creo que con esta explicación entenderás como será nuestro vínculo en adelante. Espero cualquier comentario de tu parte."

Me miró, me sonrió y me dijo que tenia dos cosas para decirme: "Señor, primero creo que podríamos comenzar con un periodo mas largo, de seis meses por ejemplo, y segundo, me muero de ganas que me bese, ¿le puedo pedir que lo haga?"

Le conteste enojado: "Vos perrita no podes pedir, eso es para mi, vos tenés que dar, obedecer y nada más. En cuanto a la duración del que desde ahora llamaremos "contrato" pensé en ese número porque es el tiempo que falta para las vacaciones, el próximo lo haremos más largo. Además te aclaro que es la última vez que te explico algo."

La agarré de un brazo, la paré, le repetí a viva voz en la cara que no podía pedir pero igual la besé, la acaricie y terminé haciéndole el amor encima de una mesa.

Al fin de semana siguiente le comenté que nuestra relación la había hablado con un grupo de amigos. Y que había decidido que el entregarla a otros hombres me haría sentirla mas mía todavía, algo así como lo hace el protagonista de "La historia de O". Esto sucedería la semana entrante y ella debía rendirse a cualquier tipo de apetito sexual de los invitados. Le aclaré que además estaría esposada y con los ojos vendados.

Por lo tanto la esperaba el viernes a las 18.00 hs. para prepararla.

Sentí que como una desilusión le recorría el cuerpo, pero a su vez en su mirada se reflejaba la necesidad de obedecer.

Llego puntual, pero en sus ojos había un cierto desaliento. No esperaba semejante orden.

La llevé al dormitorio, se desnudó y le esposé las manos a la espalda además de vendarle los ojos. Me preocupé por aclararle que esta obediencia haría que se sintiera mas mía y me enorgullecería muchísimo. Asintió con la cabeza y quedo tendida esperando.

Al rato sonó el timbre, se mezclaban las voces de tres o cuatro hombres, todos se sentían ansiosos, los comentarios eran muy diversos.

Uno decía: "Mientras uno la sodomiza que se la chupe a otro". Otro en cambio: "Quiero azotarle el culo hasta que se desmaye". Uno mas agregaba: "Y si se la damos de a tres, uno por cada agujero." Se escuchó mi voz pidiendo silencio y calma, que la iba a buscar.

La levanté y la guié hacia el comedor, su paso era vacilante. Me enojé y le pegué con la mano en las nalgas.

Llegamos al living y se escuchaban murmullos mezclados con palabras soeces.

La tiré boca arriba sobre la mesa cuando se escuchaba: "Primero yo" y una respuesta a coro: "Bueno dale, gordo".

Sintió que la penetraban mientras suavemente le acariciaban los senos y le besaban el cuello.

En ese instante le quité la venda y vió que estábamos nosotros dos nada más. Su fuego interior creció casi desmedidamente, fue un momento sublime.

Una vez terminado, la felicité por su obediencia y le conté que las voces que escucho en realidad era una sola, la mía, modificada, superpuesta y grabada por un programa de computación.

Su mirada, la forma en que relajó su cuerpo, su respiración profunda reveló su entrega absoluta. Era capaz de sacrificarse solo porque se lo había ordenado.

Fue como la consumación del vínculo que nos une.

CONTINUARA?...



Autor: Amo Alfredo