Una spankee es —arriesgo una definición— una señora que juega a que es una niña.
Un spanker es algo mucho menos interesante. Es apenas un señor que ayuda a la mentada señora a jugar a que es una niña.

Una vez hecha una afirmación tan categórica conviene ahora relativizarla un poco. La primera relativización es una cuestión de género: ya sé que hay spankees varones y spankers mujeres, y creo que también en esos casos la afirmación sigue siendo válida (los spankees varones no juegan ser niñas sino niños, claro, aunque hay de todo en el Reino del Señor). La segunda relativización es más general: ya sé que no existe ninguna actividad humana –y mucho menos sexual- que permita ser definida en una sola frase y enunciando una sola característica. El spanking es más que eso, pero por sobre todas las cosas es eso.
Veamos ahora los diferentes casos que pueden presentarse:
- Hay spankees a quienes está afirmación no sorprenderá, ya que concientemente reconocen que exactamente esa es su fantasía. Que les gusta ser tratadas como niñas chicas, que gustan de comportarse como si lo fueran y que gustan ser reprendidas y castigadas por las razones por las que presuntamente se castiga a las niñas chicas. Hay algunas, incluso, que les dicen papi a su spanker. Me parece que la mayoría de las spankees no pertenece a este grupo.
- Un grupo más numeroso parece estar formado por spankees que gustan ser tratadas como si fueran adolescentes. También gustan, claro está, comportarse como si lo fueran, y ser castigadas por las razones por las que presuntamente son castigadas las adolescentes. Pertenecen a este grupo todas las colegialas que andan por ahí y que forman legión. Sin embargo las adolescentes reales no son azotadas en las nalgas y quizá nunca lo hayan sido, salvo excepciones. Cuando ésta situación ocurre la adolescente real protesta por ser tratada como una niña. O sea que en estos casos las spankees son unas señoras que juegan a ser unas extrañas adolescentes que aceptan ser tratadas como si fueran niñas. La figura de la adolescente quizá haga inconcientemente más soportable el indiscutible carácter sexual del spanking. Lo cierto es que parece una fantasía más común que la de la niña.
- Hay spankees que parecen no renunciar ni por un instante a su condición adulta. Quizá haya elementos de sumisión en su comportamiento, ya que aceptan la autoridad y el derecho a castigarlas de otro adulto –su spanker-, pero los motivos de castigo no tienen nada de infantiles y las demás características del vínculo entre ambos quizá tampoco tengan nada de infantiles. Pertenecen a este grupo los casos de la llamada disciplina doméstica, pero también otras fantasías frecuentes con personajes claramente adultos (jefe-empleada, paciente-enfermera, policía-delincuente). Aquí la niña no aparece, aparentemente.
- Hay, finalmente, otro grupo de spankees para quienes tampoco existe ninguna renuncia a su condición adulta. Me refiero aquí a aquellas spankees para quienes todo es nada más –ni nada menos- que un juego sexual, con poca o ninguna argumentación, con poco o ningún sometimiento a un autoridad castigadora, con ningún elemento infantil. Simplemente sexo y –por lo tanto- algo perteneciente al mundo de los adultos, centrado en las sensaciones físicas de las nalgadas sin más aditamentos. Tampoco aquí aparece la niña.
Parece que los dos últimos grupos contradicen la afirmación hecha al comienzo. Pero, ¿la contradicen realmente? Me parece que no, habida cuenta del carácter absolutamente infantil que los castigos (o juegos de castigos) spankos implican:
- Solo los niños –y las spankees- son azotados en las nalgas desnudas. Hay muchísimas maneras (para bien o para mal, y más bien para mal que para bien) de castigar físicamente a los adultos, pero la paliza en la cola es algo reservado a los niños y a quienes juegan a serlo.
- Solo los niños –y las spankees- son puestos sobre las rodillas de su castigador. La posición preferida de casi todos los spankos (spankers y spankees) es tan indudablemente infantil que no acepta prueba en contrario.
- Solo los niños –y las spankees- son enviados al rincón como forma de penitencia.
- Solo los niños –y las spankees- son conducidos a esta forma complementaria de castigo tomándolos de la oreja.
Incluso los instrumentos de castigo habituales suelen denotar el carácter doméstico e infantil del asunto: la chinela o el cepillo de la madre, el cinturón del padre, la caña del maestro. El látigo –por ejemplo- no pertenece al mundo del spanking, porque es un instrumento hecho para azotar a los adultos. En cambio la caña (o cane) sí, ya que presuntamente es (o fue) utilizada para castigar a los alumnos en las escuelas gringas. Incluso las spankees que no aceptan la caña, aceptan de todos modos que éste instrumento forma parte del spanking. En cambio no el látigo, que es más bien propio del mundo bdsm más duro, a pesar que la caña probablemente duela más y haga más daño.
Una spankee es una señora que juega a que es una niña. O –si se quiere- una spankee es una persona en quien la niña que fue aun vive.
No estoy diciendo que las spankees sean personas inmaduras en ningún sentido de la palabra. La inmadurez no tiene nada de atractivo. En cambio, y quizá debido al carácter paradójico que la situación encierra, una mujer adulta y madura que es capaz de jugar a que es una niña me resulta fascinante.
Autor: Vitabar
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